viernes 9 de septiembre de 2011

Historias asociales (Parte 2)


A la salida del curso, uno de los compañeros, me dijo que este sujeto - varios años menor que yo y con ojos desorbitados que no te miran nunca directamente a la cara – necesitaba de un aventón.

Si, ¿hacia dónde va?

No sé, vamos a preguntarle.

A Chuao. – Contestó con cierto aire de nerviosismo y vergüenza.

Está bien, yo te llevo, no hay problema.

El sujeto comenzó a ver para todos lados, como intentando salirse del problema, cuando más bien su problema de llegar a casa se estaba resolviendo.

¿Seguro que me puedes llevar? ¿No es molestia? – Me dijo en tono de suplica infantil, excusándose de un pecado capital. Siempre viendo a un ser imaginario que está a un lado.

Tranquilo, ya te dije que si. Vamos, pero eso si, por el viaje son 100 bs.

Susto en su rostro. - Ehmm, bueno, ¿tienes cambio para darte al menos 50?

No, tranquilo, estaba jodiendo contigo.

Ehhmm, bueno, pero yo puedo pagarte por la cola. – Dijo aún más nervioso.

Tranquilo – le volví a decir. - Vamos.

Salimos del lugar, nos montamos en el carro y arrancamos. Como ya estaba comprometido con otra gente, el sujeto tuvo que sentarse en los asientos traseros. Una vez que llegamos a la parada de autobús frente al Paseo Las Mercedes y los demás se bajaron, quedé a solas con él. Él atrás, yo adelante.

De verdad que no tengo manera de agradecerte este inmenso favor que me estás haciendo. – Me dice, desde atrás y viendo hacia un lado, con una mezcla de tristeza y esperanza en su rostro.

Ya te dije, no hay problema, me quedaba en el camino. De nada. – Le contesto intentando dar con su mirada perdida.

Es que no nos conocemos, y dos personas que no se conocen no suelen hacerse esta clase de favores. Déjame pagarte por favor.

Bueno, ahora nos conocemos. Deja el lío, es una cola, no te estoy salvando la vida. Ya te dije, no tienes que pagarme, es un favor entre compañeros. No soy un taxista.

Es que no puedo creerlo. Gracias, en serio, gracias gracias, gracias.

Ya, con un gracias lo entiendo. Quédate tranquilo, de verdad, no es molestia para mi. De todos modos iba hacia Chuao.

En ese momento se tranquilizó y comenzó a contar – en una especie de monólogo – su vida en el mundo del teatro. Hablo de haber interpretado alguna vez a Hamlet y de el ser o no ser. Hablo de que su mamá es quien siempre lo busca y ese día ella estaba de viaje.

Gracias, de verdad. Es que siento que te estoy molestando.

No contesté.

Siguió con su monólogo hasta que llegamos al destino.

Bueno, aquí estamos, ya estás a salvo en tu casa.

Wao. – dijo mientras comenzaba a sacar su billetera.

Yo lo vi, sabía lo que estaba haciendo pero guarde silencio. Sacó un billete de 100 y me lo acercó.

Te dije que no me tienes que pagar. Cuando te lo dije allá antes de salir estaba bromeando contigo. Yo no soy taxista, yo no cobro por hacer esta clase de favores.

No, lo siento, necesito que me lo aceptes – sus ojos seguían buscando yo-no-sé-qué en el vacío. – Tengo que agradecértelo de alguna manera y esta es la única que tengo. Toma el dinero.

Ya te dije que no. Bájate, ya estás en tu casa. Vete tranquilo. No voy a aceptar tu dinero.

No, por favor, tómalo, en serio. Te lo debo.

Coño, que no. No me vas a pagar por darte la cola. Entiende.

Agárralo, por favor.

No. Bájate.

Bueno, si no lo agarras, lo voy a dejar aquí en el asiento.

Si lo dejas en el asiento lo voy a botar por la ventana, y al final vas a haber perdido 100 bolívares en vano. A tu mamá seguro que no le gustará eso.

Nooo. – Gritó en una especie de sollozo. – Agárralo, agárralo, aGÁrralo, aGÁRalo, aGÁRRAlo, AGÁRRALO, AGÁRRALO, AGÁRRALO.

Coño, ya, basta, no me hagas arrepentirme de hacerte el favor. Que no voy a agarrad tu maldito dinero. Bájate de una buena vez que nos van a robar en esta mierda.

AGÁRRALO, AGÁRRALO, AGÁRRALO.

El sujeto era un robot. No entendía. Por mi cabeza pasaron las mil y un maneras de deshacerme de él. ¿Me bajaba y lo sacaba yo mismo del carro? ¿Le daba un golpe y lo dejaba inconsciente para que dejara la gritería? ¿Lo lanzaba al Guaire que estaba ahí cerca?

Bájate coño, bájate y llévate tu dinero, no me interesa. Tengo en mi casa una bóveda llena de billetes de esos, no me hacen falta. Ya basta.

Bueno, no te dejo el dinero únicamente para no seguir haciéndote perder el tiempo.

Coño por fin, pensanste. Ahora si que no tienes idea de cómo me estás devolviendo el favor. Lo más inteligente que he escuchado en varias semanas.

De verdad, no sabes como de agradecido estoy, es que tú sabes, yo no te conozco y me hiciste el f…

Si ya sé, lo del favor y los desconocidos. Chao.

Creo, no estoy seguro, que salieron unas lágrimas. Su voz se tornó sufrida.

Es que nadie hace este tipo de cosas nunca por mi.

Bueno, ya ves que bueno soy. Tómalo en cuenta. Chao.

Abrió la puerta. Por fin. Se bajó.

¡Gracias! – Me dijo.

Arranqué y me fui.

RFC

3 comentarios:

Carlos Peláez dijo...

Men, paja! jajajajajajaja

Roberto Franchi Capecchi dijo...

Jajaja, es cierto, y en la vida real fue mucho más larga la conversación. Todo un personaje.

KarLa dijo...

NOOOO!! JAJAJAJAJAJA. Mira, de verdad he conocido gente así... qué sufrir! Uno al principio piensa: "coño este pana no debe tener amigos, pobrecito" y al final piensas: "¿quién coño de la madre en su sano juicio podría pensar siquiera pasar media hora de su tiempo con este ser?". Me reí muchísimo.

PD: Me disculpan el francés. :)

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