(Primero leer "Aquella llamada desesperada")
“Aló”
“¿Ya decidiste que vas a hacer?”
“Coño, Eduardo ¿no existe una norma o código moral con un límite de horario en las llamadas? Son las 8 de la mañana”.
“Deja de vaguear, levántate, algunos tenemos que trabajar a estas horas para vivir. Además, como buen amigo quiero saber que has decidido con respecto al tema Tatiana”.
“No sé, aún no sé…digo, la paga es buena, muy buena, pero la situación se me hace tan retorcida”.
“Bueno, es retorcida, pero en lo que quedaron es que tú sólo estabas presente en el acto sexual, dejabas tu semilla, y las dos lesbianas se iban felices con un hijo que ni siquiera tienes que reconocer, y además te pagan…ojala la propuesta fuera para mi”.
“Eres un caso, ponte a trabajar y déjame dormir”
“Ya va, te pedí una cita con la doctora Yenesia para esta tarde a las cinco. Yo te acompaño”.
“¿Ah?”
“La doctora Yenesia, la vidente que te conté el otro día. Ella me ha ayudado a tomar decisiones a lo largo de mi vida. Nadie mejor que ella te va a guiar”.
“Ese mismo día te dije que no iba a ir donde una pseudo bruja que se hace llamar doctora que le roba dinero a gente inútil como tú”.
“Ya la cita está cuadrada, y el depósito también. Hagamos algo, si te funciona me lo pagas, si no, queda por mi cuenta”.
A las 5 de la tarde estábamos como propios pendejos esperando en lo que parecía ser una sala de espera de un consultorio médico santero. Imágenes de Cristo, Vírgenes y cualquier tipo de santo ilógico habido y aún por conocer.
“Eduardo, mi querido sagitario. Vamos, pasa, pasa”, dijo una vieja vestida de blanco y negro asomada desde una puerta que se acababa de abrir.
“Doctora Yenesia, ¿cómo le va? Tiempo sin pasar por aquí. Este es el amigo que le conté, necesita con urgencia de sus consejos y sus poderes”.
“Uhmm ¿cómo le va hijo?”, se quedó paralizada por unos segundos. “Tauro, si, tauro…nacimiento mañanero, descendiente de Neptuno, los astros estaban contigo ese día, pero ya no. No, que va, ya no…la negrura, la mancha, la oscuridad te ha envuelto, has caído en el precipicio y necesitas salir, volar, escapar cuanto antes”.
“Hola”, fue todo lo que alcancé a decirle a la vieja mientras veía con cara de asesino a Eduardo.
La bruja nos llevó a su consultorio. Estaba adornado con velas, más estatuitas de santos y muñecos extraños, incienso, un espejo decorado con estrellas, un escritorio desvencijado con dos sillas en frente y una camilla.
“A ver, ¿qué será lo que necesita tauro de mi?”, dijo con una voz cínica que ya comenzaba a desagradarme.
“Él necesita su ayuda urgente, tiene problemas con una mujer”, contestó Eduardo como el niño listo de la clase, el sabelotodo dispuesto y preparado para saltar por encima de los demás. Yo no hacía mucho caso de lo ocurrido, estaba distraído poniéndole nombres a los muñecos que adornaban el lugar.
“Tauro es escéptico. Su mente me dice que no quiere estar aquí. Necesita un baño de luz”.
“Ves, ves que puede leer tu mente”, dijo Eduardo emocionado.
“No seas animal, no necesitas superpoderes para darte cuenta que no creo un carajo de lo que está ocurriendo aquí”
“Que facilidad la tuya de no creer en nada”, me reprocha Eduardo, mientras la vieja me ve aún con esa sonrisa macabra.
“No es facilidad, más bien no busco que otros me estén resolviendo los problemas, no voy por la vida pagándole a la gente para que me den consejos”.
“Querido, yo te voy a ayudar, nadie nunca se ha quejado de mis poderes. La gente viene por primera vez y vuelve siempre…sin falta. Ya verás, hoy te voy a ayudar, y al final te voy a regalar un baño de luz, y no tendrás que pagar nada por él. Esa oscuridad hay que quitártela cuanto antes”.
“Mira, la doctora es caritativa, hasta me quiere dar un baño. Así le habrás pagado ¿no?”, le dije a Eduardo que comenzaba a molestarse.
“Respeta que te están ayudando”, me contestó como el regaño de una madre.
“A ver hijos, ¿me trajeron algo que represente a esta mujer?”.
En ese instante, Eduardo sacó del bolsillo una foto reciente de Tatiana con Ana en la playa. La había visto alguna vez en su Facebook. A mi cabeza llegó la imagen de lo que podía estar haciendo él con esa foto en su casa por las noches.
“Eres un enfermo”, le dije.
“Esto es precisamente lo que necesitamos aquí, muy bien sagitario, siempre cumples con la tarea. Todos quisiéramos tener un amigo como tú”
“Te lo regalo”, le contesté a la vieja que había puesto la foto sobre el escritorio y había cerrado los ojos mientras colocaba sus manos en el aire sobre la imagen de Tatiana.
Comenzó a balbucear en un idioma completamente desconocido para mi. Intentaba aguantar la risa y Eduardo me golpeaba en la pierna.
“También hay mucha oscuridad en esta persona. Tauro, puede habértela contagiado, o tú a ella. A esta mujer le gusta la chica que está a su lado en la foto. Están enamoradas”
“Viste, ves que no te miento. Son sus poderes”, me dijo Eduardo victorioso.
“Que obtuso eres, mira la foto ¿no van a ser lesbianas?”
“Vienes a mi porque esta mujer te robó a tu pareja, la contagió…si, ella es la oscuridad que se aferra en ustedes dos, ella los separó, ella la hipnotizó”.
Eduardo se tapó la boca con su mano mientras me hacía un gesto con la otra para que escuchara bien lo que la vieja decía.
“A ver, cómo te explico, Tatiana no me dejó por esta lesbiana, en principio me dejó por un delfín que se murió a los dos meses de haberse casado, fue después que apareció esta en escena y quiere que tenga un hijo con ella porque sienten que el amor está tan desarrollado y avanzado que creen que es hora de tener un hijo”, le dije a la vieja que me escuchaba con atención. “Creo que si no te lo cuento, jamás llegas al asunto. Deberías descontar un 15% de lo que se te pagó por esta explicación”.
“Eres predecible tauro. La paciencia es la clave de todo esto, no puedes apurarme, poco a poco van saliendo las verdades. Hay oscuridad en su compañera de vida y se las pegó a ustedes dos. Traer un hijo a esta tierra sería pecar y traer al hijo de…”
“…del diablo, supongo. Ahora si creo que me ayudaste. Eduardo, vamos a traer a ese niño maldito a la tierra, la decisión está tomada”.
“Ni pienses que puedes burlarte de esto, tauro. Este asunto es muy delicado. Si ese encuentro sexual se da puedes traer a la semilla del mal en vida”.
“Y después podría hasta regalarte al bebé disecado para que lo pongas de adorno en el estante ese de los santos. Yo creo que mejor le iría vendiendo estatuas que esta parafernalia psíquica”.
“Ya basta, deja de faltarle el respeto a la doctora Yenesia. Te ofrezco ayuda y es así como lo agradeces”, se levantó furioso Eduardo de la silla. “Nos vamos ya. Discúlpeme doctora, él está un poco confundido con la situación, normalmente no es así”.
“Yo no estoy confundido con ninguna situación, nadie te pidió que me trajeras a esta payasería. Doctora, consejera, bruja o como quiera que pueda ser llamada, en cuanto nazca ese niño la tomaré en cuenta, sabrá de mi. Mientras tanto puedo hacerle publicidad en la venta de los muñequitos”.
“No te atrevas, por el amor de los cielos, si llegas a aceptar la oscuridad caerá sobre todos nosotros”, dijo con cierto pánico en su voz.
“Esa es la idea, Yenesia, esa es la idea”, dije mientras abría la puerta del lugar y me despedía.
RFC
2 comentarios:
La bruja está aterrorizada por el niño o por lo que el niño representa? Y por qué maligno? Me gustron los diálogos...
Cuestiones de brujas...sólo ellas se entienden.
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