lunes 6 de junio de 2011

El loco y la fea


Esta es la historia de un loco y una fea. Él era tan loco que salía con una capa verde para dárselas de superhéroe, y ella era tan fea que no se podía ver en el espejo.

Antonio le pusieron de pequeño porque nació con un leve retraso y su padre siempre pensó que los Antonios eran anormales. Nunca hicieron nada para tratarlo distinto, y el retraso poco a poco fue en aumento, aunque nunca llegó a sacar la lengua. De pequeño se robaba los carritos de los compañeros en el colegio. En su casa no le compraban juguetes por la cantidad de carritos que llegó a tener, y jamás le preguntaron de donde los sacaba. Un día, en el recreo, mientras jugaba con un Maserati amarillo, vio que Anita, la que se sentaba junto a él en el salón, tenía dos pequeñas pelotas en su pecho. Nunca la había visto así y fue a tocarlas. Llegó como un bestia y se las apretó tan fuerte que Anita por poco pierde el aire. Tras los gritos y una cachetada de por medio, Anita salió corriendo mientras derramaba lágrimas de vergüenza. El loco se quedó pensando en lo ocurrido y sintió una corriente agradable en su entrepierna, al instante, soltó el carrito y se bajó los pantalones frente a todos los demás compañeros y comenzó a masturbarse. A partir de ese día, el loco se masturba cada vez que siente la necesidad sin importar el sitio en donde esté. No ha logrado llegar hasta el final del día en un trabajo porque lo despiden antes, no sin antes dejar su recuerdo baboso en las mesas y sillas de las oficinas o restaurantes. Los vecinos y la gente que conocía a la familia comenzó a llamarlo el loco pajero. No podía ver una mujer sin tener la necesidad de masturbarse frente a ella y quienes estuvieran a su alrededor. Cada vez que llegaba a tener un orgasmo pegaba unos alaridos increíbles, y en la zona ya todos sabían que se trataba del loco. A nadie le agradaba, cuando lo veían caminando en la acera, la gente se alejaba, sobretodo las mujeres para que no las viera y comenzara a masturbarse en el acto.

Ximena era una niña espectacular, tan bella que en el kinder la nombraron la reina de la escuela, pero un día que jugaba en el parque de su edificio, se cayó del columpio y se desfiguró la cara con las piedritas del suelo. Lo espectacular desapareció ese día, los médicos no lograron hacer nada para arreglar la desfiguración que albergaba su rostro. Ximena, la reina de otrora se convirtió en un monstruo. Tan desagradable de ver que la gente volteaba la cara para no encontrarse con aquella fealdad inhumana que deambulaba por la ciudad. Era tan fea que a veces salía con una máscara para evitar la humillación. Ningún hombre la cortejaba, no tenía amistades, sus padres intentaban no verla, y comía sola en su habitación para no hacer vomitar a los demás.

Una tarde de verano, el loco fue a caminar por el parque del centro de la ciudad. Se devoraba un helado como una bestia, manchándose la camisa y botando todo como un animal y de pronto vio sentada en un banco a una mujer extraña. Algo que nunca antes habían visto sus ojos de atolondrado sexual. Se fue acercando y observó a la mujer más fea que había visto en su vida. Tenía el rostro desfigurado, los ojos caídos, la nariz a medias y la boca prácticamente inexistente. Se acercó a dos metros de ella y la vio fijamente por un minuto. La fea no entendía lo que ocurría. Ahí frente a ella estaba ese hombre manchado de helado derretido viéndola detenidamente. Al minuto, el loco se bajó los pantalones y comenzó a pajearse como nunca, con una velocidad increíble, imposible de alcanzar. La fea jamás había visto algo así, nunca había observado un pene de cerca, ni siquiera había logrado sentir que algún hombre la viera por más de un segundo y se viera interesado en ella. Por primera vez alguien la estaba tomando en cuenta. El loco comenzó a sudar mientras se halaba aquella cosa que le guindaba de su cuerpo. La fea sonreía ante aquel acto, la emoción estaba rebasando el límite y comenzó a excitarse también. De repente, al unísono, los dos, el loco y la fea, el atolondrado sexual y la incomoda visual, el morboso y la desfigurada, dejaron escapar un alarido de locura, de placer, de sentir. Los pájaros volaron, la gente se asustó y se alejó, pero ahí estaban, los dos errores humanos en su burbuja disfrutando aquellos segundos de éxtasis total. La fea se vio su ropa, estaba bañada en una sustancia extraña, no le importó, sentía algo allá abajo que nunca había logrado sentir. Ese loco, con su cuestión guindada, estaba ahí para salvarla. Se levantó y lo besó. Tras el beso, el loco se volvió a masturbar y continuó su camino con la fea a su lado.

RFC

6 comentarios:

Anónima dijo...

le cambiaste el nombre al blog =)
(no voy a comentar sobre esta entrada, lo siento)

Roberto Franchi Capecchi dijo...

Si, se lo cambié hace tiempo. Vamos, una comentada, puedes insultar también, es válido. No todo puede ser bueno.

Saludos

MoonWalker dijo...

Mi estimado Roberto... quitando ciertos cambios de ritmos (a veces vas pa'trás) la historia de dos seres unidos por su desgracia me conmovió...

Roberto Franchi Capecchi dijo...

Gracias Euclides, gracias

Carlos Peláez dijo...

Pobres... o bueno, no sé...

Anónimo dijo...

Que feo!!! la verdad, espero algo mejor de ti!! no me gustò

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