viernes 22 de abril de 2011

El Planeta de los Simios o Maiquetía


Salimos de casa y tomamos esa autopista que nos lleva directamente al litoral. Ese estado vecino al que le tenemos lástima por vivir eternamente enfrentado a una enfermedad terminal de la que nunca se logra recuperar. El camino sirve para disfrutar la batalla que se genera entre la montaña y las casas a medio construir que surgen entre su vegetación. La lluvia ha logrado sus derrumbes. ¿Cómo siguen construyendo ahí? Al parecer no importa arriesgar la vida con tal de tener un techo. Así sea de zinc. El gobierno da el ejemplo, cerca de los derrumbes levantó unas casas modelo. Son haciendas comparadas con las de zinc. Pueden ser mansiones, de igual manera están a la expectativa de los deseos naturales.

La ruta se hace corta. En este caso el tráfico estaba de vacaciones.

Ahí está. Maiquetía se alza a la derecha con sus aires setentosos pero con ínfulas de modernidad maltrecha. Al entrar, sobre el piso colorido que nos recuerda épocas pasadas, sentimos nostalgia por dejar atrás la ciudad que nos habita pero deseosos de escapar de ella así sea por un tiempo.

Las colas, la gente, las maletas, la Guardia Nacional, los taxistas, los maleteros, la familia que lamenta la despedida, los que se van para no volver, los que sonríen, los cansados, los que esperan. Todos están ahí armando un colectivo común bajo un aire de exclusiva desconfianza continua. El mensaje en ese aeropuerto es que nadie se quiere. Aquellos que se visten de verde y esconden su cabellera con boinas rojas son los dueños del lugar. No sonríen ni por un instante para no perder el personaje. La tarea es meter miedo y ser intolerante. Abren maletas y desordenan todo en busca de algo que nunca consiguen. Preguntan con ánimos de intimidad a cuanta persona se le cruce por delante.

El odio conformista forma parte de los presentes. Pocos hacen eco de sus voces. Los otros, tal cual zombies, le sonríen a la desgracia.

Es el único lugar con distintos idiomas bajo el cielo venezolano, a excepción de Los Palos Grandes que de vez en tanto presenta un extranjero en sus calles y cafés. Es la urbanización donde todos desean estar. La de la contracultura. La pequeña Europa. Con sus edificios antiguos que se elevan sobre ideales mainstream disfrazados con antifaces indie. La que posee plazas y bibliotecas públicas. Egocéntricamente hipócrita va vestida de converse y peinados españoles. La de la música chic y la que le sirve de paso a los asiáticos.

Es el recuerdo que nos sorprende al escuchar un francés en Maiquetía, mientras intentamos buscar comparaciones a sabiendas de que vamos al verdadero viejo continente y no a las ínfimas imitaciones que puede lograr esa zona de Chacao.

Cola tras cola. Dato tras dato. Entregar el pasaporte, chequearse en la aerolínea y dejar las maletas: dos horas y media. Pagar la diferencia en la taquilla de Alitalia: diez minutos. Cancelar el impuesto de salida: veinte minutos. Pasar por el detector láser y deshacerse de todo lo que llevamos encima: veinte minutos. Pasar por inmigración: cuarenta minutos. Total: cuatro horas.

Una vez dentro no da chance de comer. El avión partirá sin nosotros ante el más mínimo descuido. El tiempo se fue en diligencias burocráticas.

Un vuelo de diez horas sirve de pretexto para desestabilizarnos todavía más hasta que vemos tierra. El clima cambia. El idioma también. La cultura aún más. El destino huele a experiencia. A vida y deseo. A buena comida.

En el aeropuerto Leonardo Da Vinci la cosa es distinta. Esperar el monorriel: cuatro minutos. Entregar el pasaporte y pasar por inmigración: dos minutos. Esperar por las maletas: veinte minutos. Total: veintiséis minutos.

RFC

4 comentarios:

Rommel dijo...

HAHAHA esta bueno

Victoria B. dijo...

La verdad es que es increible la diferentcia que hay entre los servicios y la manera de tratarte del viejo mundo comparada a la de maiquetia...
Es increible, increiblemente triste ver como Venezuela va de mal en peor, uno a veces no se percata de eso mientras estas alla. Ves como la gente simplemente asume que un ente policial o del ejercito HA de tratarte mal... pero luego sales del pais y dices "Cono, por que aqui sin son gente bien, vale?"

En fin, me gusto esta entrada, creo que en algun momento de mi vida hice un analisis similar con la parte aeroportuaria y en el dia a dia lo hago tambien con la cuestion de como se siente en el ambiente y como te trata la gente.
Esta bueno el blog, seguire pasando por estos lares

PD: Disculpa la falta de tildes y apertura de signos de exclamacion, -computadora inglesa que no se usar, y si, parezco gocha-

Roberto Franchi Capecchi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roberto Franchi Capecchi dijo...

El problema al final es la aceptación de la gente. Nadie se queja, más bien se quejan de los que se quejan alentándolos a no hacerlo porque la pueden terminar pagando caro. El conformismo criollo sin remedio.
Gracias por pasarte por aquí Victoria B.Bienvenida siempre! Y gracias por decir que está bueno el blog.
PD: Disculpada por la falta de tildes y aperturas de signos de exclamación. Admito que lo de gocha no lo pensé.

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